Por: Héctor Gamboa
Joseph Goobels, ministro de propaganda en la Alemania nazi, tenía un método infalible para convencer a las masas y justificar la locura sangrienta en la que Adolfo Hitler anegó a toda Alemania y a buena parte del mundo:
“Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar».
En las postrimerías de la segunda Guerra mundial, con el tercer Reich en ruinas y la maquinaria de guerra de la wehrmacht aniquilada, Gobbels aún tenía cautivado a buena parte del pueblo alemán, que no veían la destrucción de su país y creían en el triunfo final del tercer Reich.
Joseph Goobels fue el creador de una frase demoledora, que la experiencia dice que es certera: «Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá».
En su libro «Mi Lucha», Adolfo Hitler fue claro en cuanto al método político que utilizaría para lograr que Alemania se recuperara del desastre de la gran guerra, conocida después en los libros de historia como Segunda Guerra Mundial.

El nacionalismo a ultranza y la idea del peligro judío, que ya estaba enraizado en buena parte del pueblo alemán que mantenía un antisemitismo latente, fueron las banderas que enarboló Hitler.
Pero en un principio mintió, matizando el fondo de la iniquidad con posturas más liberales, hasta que se apoderó completamente del poder y no hubo ningún otro poder, ni fuerza política, ni institución alguna, que hiciera equilibrio a su locura.
Así, la mentira ha sido utilizada por infinidad de patanes, que llegan al poder a través de generosos riegos de saliva en los que prometen las bueyes y las carretas para salvar al país, placebos inexistentes que generalmente sólo ahondan la desgracia.
Latinoamérica es proclive a la existencia de caudillos iluminados, que son vistos por el pueblo como salvadores y Mesías, que sólo hunden a sus naciones en la ruina económica.
Prometen infinidad de cosas que jamás cumplen, pero la saliva viene aderezada con dádivas económicas que hacen que quien no tiene nada, crea que encontró por fin un político justo, que no roba y que reparte el dinero público.
Y la gente cree ciegamente la mentira, como si fuera un acto de fe, más que un acto racional, pues subordina su decisión al hecho de recibir dinero.
Nadie ve las ruinas económicas que dejará el transitar por el populismo ramplón. Ciegamente se sigue el guión al pie de la letra y aplauden la destrucción.
Una reciente encuesta nos dice que casi el 50% de los mexicanos piensan que tenemos un mejor sistema de salud que Dinamarca, de manera increíble.
El 68% de la población aplaude al mandatario que se despide pero que no se irá, pues seguirá siendo el factótum en la toma de decisiones.
Mentir como método para convencer a las masas dio buenos dividendos políticos.