Por Héctor Gamboa Soto
El mito de Sísifo es una historia de la era homérica griega, en la que se relata el castigo que le impusieron los dioses del Olimpo a Sísifo, rey de Corinto.
Enojados por la astucia del Rey, que en ocasiones igualaba o superaba a las de los propios dioses, Sísifo fue condenado a subir una piedra enorme por la ladera de una montaña, pero al llegar a la cumbre la piedra caía nuevamente al valle, por que Sísifo tenía que subirla una y otra vez, eternamente.
Para los estudiosos, el punto nodal de la historia radica en la inutilidad de muchas de las labores y esfuerzos de las personas, que no culminan en ninguna cuestión razonable y muchas veces tienen que reiniciar una y otra vez, con los esfuerzos, los los mismos resultados: lo inútil del esfuerzo.
Eso mismo pasa con los votos otorgados a los políticos de la 4ta transformación, que una vez que llegaron al poder, sus promesas fueron lanzadas cuesta abajo por la ladera de la montaña y ninguna se cumplió.
La gente que trabajó por impulsar la democracia hasta la cima de la montaña, al lograr los cambios de gobierno, primero con la caída del PRI y luego con la del PAN, vimos que al llegar Morena todo se derrumbó y se volvieron falsas todas sus promesas.
Excepto las becas indiscriminada para jóvenes y las pensiones para adultos, lo demás han sido fracasos.
Destruyeron la democracia a base, precisamente, de mecanismos democráticos.
Al ganar la mayoría en el poder legislativo, utilizando una sobre representación ilegal, no tuvieron freno y el poder judicial se convirtió en el brazo del ejecutivo para cambiar todo tipo de leyes con toda impunidad.
Destruyeron al Instituto Nacional electoral convirtiendo lo en un simple apéndice del gobierno; lo mismo sucedió con los tribunales electorales, que ahora están subordinados al ejecutivo.
Acabaron con el poder judicial de la federación, con una farsa electoral en el que la compra de votos y el uso de acordeones fueron evidentes. Gran mayoría de la gente nunca supo ni por quién ni para qué votó.
López Obrador dijo que sus valores eran No mentir, No robar, No traicionar, pero mintió, permitió robar, traicionó todas sus consignas y promesas. La lista es innumerable.
La gasolina no bajó a $10 como lo prometió. No rifó el avión presidencial, lo vendió a bajo precio y seguimos pagándolo los mexicanos.
La pandemia del COVID, gracias a sus ideas retrógradas y su ignorancia sobre medicina, provocó 800 mil muertos, que pudieron evitarse.
Su política de abrazos y no balazos produjó 200 mil asesinatos. Ignoró olímpicamente a las madres buscadoras. Destruyó la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Al ejército lo convirtió en servicio de albañiles, constructores de presas, puertos, trenes, refinerías aeropuertos y todo lo que se le ocurrió, obras que costaron tres o cuatro veces más y que no funcionan.
Sus hijos, milagrosamente, se convirtieron de la noche a la mañana en millonarios sin haber trabajado un solo día de sus vidas.
También son millonarios muchos de sus colaboradores.
El fraude de Segalmex quedó en la impunidad, igual que el huachicol oficial, que desangra las finanzas nacionales y provoca miles de millones de dólares en pérdidas a Pemex.
Destruyó el sector salud, qué medio funcionaba y lo dejó en ruinas. Creó el Insabi, luego el IMSS bienestar y todo empeoró. Fue una burla que tendríamos un sistema mejor que el de Dinamarca o el mejor del mundo. Las promesas se convirtieron en desabasto de medicinas, carencia de equipo en la mayoría de los hospitales, nulos tratamientos para niños con cáncer, un total desastre.
Y luego a su salida, el pueblo recogió la enorme piedra y, como Sísifo, la subió nuevamente hasta la cima de la montaña, votando por su sucesora, que al paso que va también fracasará rotundamente.
La gran piedra de la esperanza caerá desde la cima hasta el valle y el pueblo, en un inútil esfuerzo colectivo, volverá a votar por los mismos gracias a la entrega masiva de dádivas y becas.
El pueblo, como Sísifo, trabaja inútilmente en cada elección en la renovación de la esperanza.
Y más lamentable es que la oposición no existe…
El PRI es una caricatura de lo que, fue cooptado por los intereses particulares de su dirigente. El PAN mueve la patita en el estertor agónico. El PRD desapareció. El Movimiento Ciudadano es sólo comparsa de Morena. Los otros partidos, Verde y PT, rémoras que viven de los despojos del oficialismo.
La única luz al final del túnel es Somos MX, que aún no nace, pero que pudiera ser verdadera oposición.
Usted amigo lector, qué opina?