Hay un gran vacío en el desierto del norte de México, donde Elon Musk aseguró a principios de este año que Tesla construiría su próxima enorme planta de automóviles. Los lugareños que estaban entusiasmados hace solo unos meses ahora están moderando las expectativas.
La construcción de la fábrica de Nuevo León, que estaba prevista para hacer los vehículos más baratos de próxima generación de Tesla, se está retrasando debido a las dudas de Musk sobre la economía global. Otros problemas, incluidos retrasos en los permisos y la escasez de infraestructura, también han plagado el proceso.
México ha tratado de disipar las preocupaciones de que la planta pueda ser cancelada. Esta semana, el Gobierno de Nuevo León aprobó 153 millones de dólares en incentivos para infraestructura básica como carreteras y tratamiento de agua, así como una reducción del impuesto sobre la nómina. Días antes, el regulador ambiental del país otorgó a Tesla un permiso de uso de suelo.
Aun así, Tesla necesitará varios permisos locales y federales más, incluido el de la Comisión Reguladora de Energía, para construir y operar la fábrica de Nuevo León, y deberá desarrollarse infraestructura adicional.