Amado por unos y odiado por otros, Donald Trump recurrió a su experiencia en los programas de telerrealidad para seducir a sus seguidores y provocar a sus rivales en el discurso más largo dado por un presidente estadounidense ante el Congreso. Aunque la intervención se suponía dirigida a todos los legisladores y al conjunto de la nación, el republicano sonó como si todavía estuviera en campaña, dirigiéndose a sus oponentes solo para lanzarles pullas.
Las ovaciones y vítores de las filas republicanas, que entonaban eufóricos gritos de «USA, USA» tras cada mofa de Trump, contrastaron con los rostros largos y serios de los demócratas, muchos de ellos luciendo banderas de Ucrania. La polarización quedó patente desde la misma entrada triunfal de Trump. Una congresista demócrata mostró entonces un cartel con la frase «Esto no es normal», que le quitó rápidamente y lanzó al suelo un rival republicano.
A los pocos minutos, la sesión quedó interrumpida por el congresista demócrata Al Green, que se levantó y gritó al presidente: «No tienes mandato», una protesta que quedó ahogada por los cánticos de los republicanos y que le valió la expulsión. Conocedor de los códigos del espectáculo, Trump estuvo en su salsa tanto en el papel de cómico como de estrella, dirigiendo varios momentos memorables desde el estrado.