HECHOS ….DE LA PATADA

Por Mario Anguiano

Srio. y Tesorero de CRODENAY

En nuestro cada vez menos, caminar (¿) por las canchas de Tepic, la vida nos hace que tengamos encuentros con personas gratas, en el saludo y en el recuerdo, esas que cruzaron nuestro existir hace muchos, quizá muchísimos años, aunque cronos sea solo un suspiro.

Porque hay que ver que de alguna manera algo aprendimos de ellos, no lo comprendimos en su momento porque la edad no daba para tanto, pero en nuestra memoria permanecen, en un remedo de sueño que se salen de él solo que con encontrarlos y estrechar su mano, vaya pues.

Década era de los 60s, tiempo en las escuelas  que había vacaciones largas, julio y agosto, en ese lapso a algo tenía uno que dedicarse para allegarse unos centavos, gracias a la amistad que mi papá José, cultivó, ignoro de qué manera, con don Raúl Romero Gallardo, director del periódico “El Sol de Tepic” entré ahí a chambear.

Lleno de asombro a esa nueva faceta de la vida, en los talleres al jefe se le llamaba “formador”, luego los que “paraban línea”, el prensista, su ayudante y el “doblador”, el repartidor, luego la oficina con la secretaria y los reporteros, existía un “jefe de redacción” y el director.

De todo ese conjunto la vacilada y lo que conlleva era en los talleres, fíjese, Pedro Hernández “el ciego”, Margarito Godoy Lozano, Santiago “caquis” Encarnación, Salvador “chavita” Ramírez, Pablo “pabochas”, Pancho “ventarrón” Encarnación en el reparto.

Manuel “loco” Mares “distribuidor”, habilísimo, su labor era regresar al sector correspondiente en las cajas de tipo cada letra o signo ya usado en la edición, pero aquí lo importante era la amistad, porque eran otros tiempos.

Entonces cada uno aportó a mi vida, como el más morro ahí, la risa era un paliativo en el rutinario trajinar de ese apasionante trabajo de las artes gráficas, llegaba el momento de ir por las cocas bien heladas de cono don “locumbé” al “paso de la cruz”, Miñón y Veracruz, ahí los chescos estaban como nareta de occiso.

Les oía decir, “que vaya el más peneco”, y ni pex, agarraba los envases y estiraba la mano y, a por ellos, lo bueno que me pichaban el mío, jijijijiji, pero existía otro común imperativo, el fútbol, a todos nos gustaba y era tema principal, pan nuestro.

Como ayudante de prensista y doblador estaba nada más y nada menos que Vicente Ayón, él jugaba para la comisión, uno de los equipos más fuertes, el resto en el “Artes Gráficas”, equipo que hizo historia, conformado en su mayoría por jugadores del rumbo de La Alameda, destacaban los hermanos Ramírez, Beto, Chava y Cuauhtémoc pero se involucraban muchos del barrio, querido equipo era, tuve el honor de ser portero con ellos en la juvenil t en la primera.

Pero bueno, todo este rollo es por haberme encontrado con Beto Ramírez el domingo que jugaron Alameda contra Zapata, y qué quiere que haga, los recuerdos se vinieron en bola, y dígase “questo y quelotro” volvimos a estar ahí, con otra óptica más madura que nos permite, irónicamente vivirlos con más integridad y con la ventaja de poder agradecer a quienes los pusieron en nuestro letargo.

Ventajas que tiene el salir a las canchas, saludar a esa familia, personas que con uno siempre son amables, que dan la confianza de estar con un amigo, y no se ocupa demasiado para expresar tanto, un frase simple, como con Lolo Becerra que en el anecdotario está “no quiero nada” o “metan al bofo”, y llega el colofón del jájájájá, a eso se le puede llamar vida, simple.

Y ya en busca de un taxi estaba el acuerdo con Beto Ramírez de una plática deseada y necesaria con él, Chava y, de ser posible, con Temo, esa historia debe quedar plasmada, ojalá podamos.

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