CUIDADO CON LOS LACAYOS

Por: Héctor Severiano Ocegueda

Situemos este texto entre las coordenadas: El hábito se hace costumbre y la historia es la maestra de la vida. Entre 1860 y 1861, una comisión de vendepatrias encabezada por José Manuel Hidalgo y Esnaurrízar, Juan Nepomuceno Almonte y José María Gutiérrez de Estrada se presentaron ante Napoleón Tercero para suplicarle que interviniera en México, resultado de lo cual tuvo lugar el episodio de la intervención francesa que colocó a nuestro país en el trágico dilema de continuar siendo nación independiente o volver al estatuto de colonia de una potencia extranjera. El efímero Segundo Imperio Mexicano, pactado nada menos que con los descendientes de Agustín de Iturbide, quien se había coronado emperador años antes, condujo a Maximiliano de Habsburgo a ostentar el título de emperador. Es una historia, la de estos caricaturescos imperios, que debe seguirse con atención. Aunque ambos “emperadores” terminaron fusilados, uno en Tamaulipas y el otro en Querétaro, los dos deben servir de caso de estudio.
Apurados por las circunstancias, desesperados ante la certeza de la segura derrota electoral, los nuevos conservadores, acuden en tropel de nuevo al amparo de Estados Unidos, la potencia imperial con una larga trayectoria de intervenciones en México. Acuden solícitos a los brazos de instituciones académicas y organismos gubernamentales a implorar, en el marco de la contienda electoral de este 2024, por una nueva intervención, en palabras de la señora Xóchitl Gálvez, vocera de los conservadores de nuevo cuño, herederos de Iturbide y los vendepatrias postrados ante Napoleón Tercero, alzó la petición para “ser acompañada en su lucha por la democracia mexicana como observadores durante la campaña y la jornada electoral”.
Imploró: “No dejen que la democracia mexicana caiga sin aliados ni testigos”, ante integrantes de Centros de Investigación de Estados Unidos que se dieron cita en el Wilson Center, en Nueva York, sosteniendo que “la defensa de la joven democracia mexicana no puede quedar fuera de la agenda bilateral (…) porque la mayor amenaza a la soberanía y la gobernabilidad de México es el poderío e influencia del crimen organizado”.
Empeñada en agregar ingredientes explosivos a la misión, la señora Gálvez acusó que el gobierno de México “coquetea” con Rusia y China, aportando elementos a una relación tensa con el imperio aderezada en los últimos tiempos con el consabido tema del narcotráfico tras señalamientos de supuestos financiamientos electorales de parte de un grupo delictivo mexicano, un tema reiterativo entre los más utilizados por Estados Unidos como pretexto injerencista. La vieja trama imperial utilizada por el Imperio Británico contra China en el siglo XIX, a través de la Guerra del Opio, que la Compañía de las Indias Orientales le solicitó al gobierno de Su Majestad, la Reina Victoria, a quien con toda razón podríamos señalar como la más grande narcotraficante de la historia. La misma trama utilizada por Francia, que financiaba la contrainsurgencia con la cual combatía a los patriotas vietnamitas con dinero proveniente del narcotráfico, lección aprendida y aplicada después por Estados Unidos también en Vietnam y después en todos lados.
La presencia de los neoconservadores ante personeros de la potencia imperial del norte, manifiesta la clara y abierta intención de promover una intervención, tema evidentemente electoral, pero no por ello trivial. Ciertamente en ambas naciones hay agenda electoral y la retórica del descrédito al adversario se dispara, pero la retórica aflora proyectos e intenciones independientemente de si estos se concretan en hechos. Sería de alta ingenuidad suponer que el gobierno de Estados Unidos y los intereses imperialistas que representa ven con buenos ojos al gobierno de AMLO y es evidente que va intervenir en las mil formas disponibles para evitar otro gobierno como el actual y si no lo logra a través de vías políticas y diplomáticas y ya se sabe qué entiende Estados Unidos por diplomacia, lo hará por otras vías.

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