RECUERDOS PARTE CUATRO


Bueno pues ya entrados les voy a seguir contando: nuestra primera casa en Tepic junto con toda la familia a partir de 1960 fue por la calle Francisco I. Madero, antes Jesús Mestas, número 47 poniente esquina con Jaime Nunó antes 5 de mayo, en la colonia San José, comprada al maestro albañil don Manuel Jiménez. A media cuadra por la misma calle compró un terreno don Juan Lizárraga donde construyó una casa con sus propias manos y su propio diseño para toda su familia; mi abuela Tomasa también a media cuadra por la entonces calle 5 de mayo; mi tía Micaela Morán y sus cinco hijos se avecindaron a una cuadra por la calle Francisco González Bocanegra, antes prolongación Querétaro, en la misma colonia San José. El tío Gerasimo Morán adquirió casa en los límites de las colonias San José y la Chapultepec con su esposa Leopoldina, su única hija Irma y completó un equipo de futbol de hijos. Nuestros nuevos asentamientos en la ciudad de Tepic fueron de tal manera que nuestra convivencia tenida en Jumatán continuó con una afectuosa cercanía. Completé la escuela primaria en la Tipo, recorriendo cientos de veces el trayecto de ida y vuelta desde la av. México 680, parque Mololoa, calle Zacatecas hasta la calle Amado Nervo; después una cuadra más al nuevo domicilio por la Madero 47 pte.
En el barrio nuevos amigos: Manuel y Chano Jiménez hijos de don Manuel el que nos vendió la casa; Adán Fonseca y sus hermanas Eva, Chila y Chayo; los Patiño, Juan, Fernando y el Colorín; Ubaldo Arteaga y hermanas; El Güilo su hermana Concha y su mamá; los Monreal familia de origen zacatecano. Apareció un día un niño como de cinco o seis años, nosotros ya teníamos de once para arriba, que se integró a los juegos y pláticas diarias en la calle por las tardes-noches, como se acostumbraba antes de la aparición de la televisión, ahí fue cuando a Adán se le ocurrió ponerle el apodo de Bogart, por un personaje que aparecía en una historieta de la época; fue como un segundo bautizo, pues es el nombre con el que más se le conoce hasta la fecha, sobre todo en el submundo del periodismo nayarita, oficio al que se ha dedicado por completo distinguiéndose por su escritura fluida y precisión de conceptos; su familia vivía por la calle Madero después le compraron la casa a la señora Poli por la México 682 norte. Don Juan Real su esposa doña Hermelinda con sus hijos muy bien educados Teresa y Francisco con quienes hubo gran amistad y compadrazgo con nuestros padres, desgraciadamente Pancho fallece en un accidente a muy temprana edad, algo que nos pesó mucho.
Alejandro su hermanas calixtra, Beatriz y varios hermanos pequeños, su papá “don Layo” tenía el negocio de “Barriquero”, consistía en la venta a domicilio de agua de los veneros de Acayapan con su barrica que era un barril alargado como de 2.5 metros por 1.20 metros de ancho en el centro y 75 centímetros de ancho en los extremos pintado de color verde bandera sobre un carro con llantas neumáticas jalado por un equino; esta agua sin ningún otro tratamiento es la que tomaba la gente de las colonias, cuando se agotaba y el Barriquero no llegaba se echaban viajes, hasta donde terminaba la calle Madero a un venero de agua cristalina cerca del lecho del río Mololoa, con baldes sobre todo para el consumo humano. Para el uso de lavado de trastes, ropa o pisos, el agua se sacaba con carrillo soga y balde, de posos que todas las casas tenían en sus patios traseros. En la colonia San José había otros dos Barriqueros más con similar equipo: una del señor Pulido y la otra de un señor que era papá de nuestros amigos Joaquín, Cruz, Coty y Coco. Estas barricas eran fabricadas en el taller del Señor Brizio, maestro carpintero que estaba por la calle Coyoacán, antes Amesquita, en la misma colonia.
A propósito tuvimos la oportunidad de trabajar en el taller de carpintería del señor Brizio, más o menos en 1966, mi primo Oscar y yo, nos ocupábamos más que nada en labores de limpieza, cepillado y lijado de madera lo que poco a poco aprendimos y mandados varios; al mismo tiempo tuvimos la oportunidad de observar por primera vez toda la herramienta, equipo que se utilizaba y el uso especializado de cada una: serruchos de mano, formones, escuadras, mazos, martillos, sargentos, sierra eléctrica fija, canteadoras, etc., y la fabricación de buros, camas, alacenas y demás. El trabajo del armado de barricas que en la carpintería del señor Brizio se hacía, era a nuestros ojos algo admirable; apelando al recuerdo que nos quedó en la memoria, de la observación de esta labor y a grandes rasgos, era este un proceso artesanal que requería de bastante precisión, experiencia y paciencia, para su elaboración; primeramente se reunía la cantidad suficiente de tiras de madera de huanacaxtle o Parota resistente a humedad y plagas, de más o menos dos y medio metros de largo por 10 centímetros de ancho, eran secadas al sol puestas de manera vertical; terminado el tiempo de secado, las acomodaba sobre moldes, en el interior de dos aros metálicos de diferente tamaño, primero en un extremo; se le aplicaba un calor calculado para poder irle dando la justa forma curva, el segundo aro más ancho, se le recorría más al centro a base de martillazos; la misma operación se le hacía en el otro extremo, hasta dejarla lista para la fijación con toda precisión de las tapas en los extremos y la delicada prueba del sellado; la tapa trasera traía ya un barreno, necesario para instalar la llave de bronce de palanca de medio paso, dispensadora del agua de alrededor de dos pulgadas de gruesa; quedaba lista la barrica para ser montada sobre un carro de llantas de hule neumático con las extensiones y aditamentos necesarios para ser amarrado al arnés del caballo, yegua, mula o macho.
El trabajo que más ocupaba al señor Brizio era la hechura de las carrocerías con madera de encino adaptadas a los camiones para el transporte de la caña de azúcar de los cañaverales quemados en los municipios de Tepic, Xalisco, Santa María del Oro y San Pedro Lagunillas a los ingenios de Puga y de El Molino; se trabajaba en la carrocería de un camión y ya otro esperaba turno para el mismo fin. El señor Brizio dominaba el oficio de la carpintería a la perfección, aunque su maestría alcanzada tuvo su costo, en el accidente que alguna vez sufrió dejándole rígidos los dedos de una mano.

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