Oficios y ocupaciones
Conocí en 1967 a don José González dedicado a la apicultura, vecino en la colonia San José, personaje de origen español, de una edad ya avanzada como para estar ya pensionado; se decía que pertenecía al grupo de hispanos inmigrantes, desplazados por el régimen del dictador Franco, que tomó el poder en 1939, después de la guerra civil española alineado con los nazis en los años cuarentas; y que llegó a México con el grupo de asilados, gracias a la voluntad política del general Lázaro Cárdenas. Don José González desarrolló seguramente su afición al trabajo con las abejas desde sus años de juventud en su natal España. Fue mi primo Arturo quien sabía que necesitaba de ayudantes, lo sabía porque don José había hecho amistad con su papá, mi tío Juan Lizárraga, que se conocieron por su afiliación masónica cuando coincidieron en la misma logia en Tepic; con esta referencia nos identificamos y obtuvimos el trabajo los dos. Para su oficio de apicultor requería de un taller de carpintería que tenía montado en la parte trasera de su casa, con toda la herramienta necesaria y con una sierra eléctrica fija de disco, donde fabricaba únicamente los cajones colmeneros y los bastidores con piezas de madera amarradas con alambre de cobre; cada cajón llevaba en su interior alrededor de diez bastidores, donde las abejas construían las colmenas de miel y precisamente en este trabajo nos ocupábamos. Tenía cajones de abejas ubicados en varios lugares del estado de Nayarit, una buena cantidad de cajones colmeneros los tenía en las cercanías de la ciudad de Ahuacatlán; fue a donde nos toco ir en varias ocasiones. Era su gran amigo don Manuel Jaime, quien continuamente lo visitaba en su taller donde los veíamos y les escuchábamos tener conversaciones de política, de lo que la verdad no entendíamos nada, pero que seguramente por los tiempos que corrían trataban los temas de la efervescencia política estudiantil y la carga anticomunista que se manejaba oficialmente en el régimen de Díaz Ordaz… pudo haber sido; a don Manuel Jaime que fue presidente municipal en Ahuacatlán lo percibíamos como una persona muy agradable, amable y atento con todos: tanto con los familiares de don José y sus trabajadoras domésticas como con los dos adolescentes empleados del taller. Nos tocó viajar con don José en la parte trasera de su vieja camioneta en compañía de su bien educado perro, al municipio de Ahuacatlán a la cosecha de miel de las colmenas que tenía a bordo de carretera, se retiraban los bastidores llenos de cera y miel y se sustituían por bastidores vacíos, con el equipo necesario para protegerse de un eventual ataque del enjambre, como sombreros con malla protectora y ropa gruesa al llevar a cabo el trabajo. Valla sorpresas que da la vida, don Manuel Jaime resulta ser bisabuelo de mi nieta Ana Paula.
En la misma cuadra donde vivíamos y al otro lado de la casa de mi tío Juan Lizárraga estaba la casa del maestro alfarero don Berna, su taller lo tenía en la parte delantera de su domicilio, dando a la calle, por lo que era muy fácil observar su trabajo. Tenía un, digamos, torno vertical de madera que lo hacía girar en la parte de abajo con el movimiento de sus pies sobre una rueda de madera y arriba a la altura de sus brazos una mesa redonda más ancha daba vueltas, con una bola de barro previamente amasada. Después de girar un rato y estar manipulándola hábilmente, mojándose constantemente las manos con el agua que tenía en un recipiente al lado, resultaban: cántaros, tinajas, ollas, platos, tasas, etc., todo de diferentes tamaños que luego llevaba coser a su horno de lodo hecho por el mismo, calentado con fuego de leña, que le llevaban a vender y apilaba en un rincón. No recuerdo haber visto que pintara sus artesanías, creo que las vendía con el color natural de la cerámica.