Casi 40 años después de haber alcanzado la cumbre de su carrera política, murió Cuauhtémoc Cárdenas y todos se encargaron de exaltar su legado como constructor de la democracia. Fue en 1988 cuando contendió por primera vez por la Presidencia e hizo crujir el sistema político mexicano, pero no logró romperlo.
Hijo del último caudillo de la Revolución Mexicana, Cárdenas Solórzano trazó una trayectoria ascendente en la última parte del siglo XX, en pleno ascenso del neoliberalismo mexicano, y se volvió la bandera del nacionalismo y, en el imaginario mexicano, defensor de la industria petrolera manejada por el Estado.
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano formó parte del PRI y desde ahí se convirtió en senador y gobernador de Michoacán, pero fue la figura de la corriente democrática que en 1987 no se plegó ante la voluntad presidencial por la designación de Carlos Salinas de Gortari, considerado el continuador del neoliberalismo ya establecido en el tricolor con el control de Miguel de la Madrid desde Los Pinos.
Fue derrotado en una elección que aún estaba controlada desde la Secretaría de Gobernación por su titular, Manuel Bartlett, y la indignación social alcanzó niveles que México no había vivido a tal grado que las más grandes figuras opositoras: Manuel J. Clouthier y Rosario Piedra Ibarra acompañaron las protestas que denunciaban un fraude electoral.

