Jugando a ser el 10: Entre la rebeldía de Diego y el silencio de Messi
En el fútbol, como en la vida, lo privado y lo público es político. No hay forma de escapar de ello. Por eso, cuando comparamos a las dos máximas figuras de la historia argentina, no solo van de cuántos balones de oro tienen en la vitrina; se trata de qué decidieron representar frente al mundo.
Por un lado, tenemos la memoria de Diego Armando Maradona. Un hombre que entendió que su voz pesaba tanto como su pierna izquierda. Diego no era solo un futbolista; era un símbolo de resistencia. Con el tatuaje del Che Guevara en el brazo y su amistad declarada con figuras como Fidel Castro, Maradona nunca tuvo miedo de incomodar al poder.
Su momento cumbre no fue solo ganar un Mundial, sino cómo lo hizo: anotando dos goles históricos contra Inglaterra poco después del conflicto de las Malvinas. Para el pueblo, esos goles no fueron solo deporte, fueron una reivindicación política necesaria. Diego jugaba con el corazón en la calle y la conciencia en la historia.
Por otro lado, está Lionel Messi. Un genio del balón, sin duda, pero cuya figura parece diseñada en un laboratorio de marketing aunque asi no lo sea. Su reciente cercanía con personajes como Donald Trump —un hombre cuyas políticas han sido duramente cuestionadas por la comunidad latina y migrante— deja un sabor amargo. Parece que, para Messi, la política es un accesorio que se puede ignorar mientras el negocio siga marchando.
Incluso en su coronación mundialista, la diferencia fue notable. A Messi le acomodaron una túnica negra (el bisht) justo antes de levantar la copa en Qatar, una imagen que muchos vieron como el sello final de un Mundial «prefabricado» y diseñado para complacer a los anfitriones. Mientras Maradona se alzaba entre la gente como un guerrero que venció al imperio, Messi se dejó envolver por la seda del protocolo y los intereses económicos.
Al final, la historia juzga de manera distinta. Uno decidió ser el «amigo del pueblo», con sus errores y sus luchas; el otro parece haber tomado la decisión de ser el «empleado del mes» del sistema global. Porque en este juego, no solo cuenta el marcador final, sino de qué lado de la historia decidiste jugar el partido.

