Civiles armados que un día prometieron defender a Michoacán del asedio del crimen organizado se convirtieron en lo que juraron destruir. El más claro ejemplo toma forma en Cárteles Unidos, un conglomerado de grupos delictivos que, en un inicio, se unieron para combatir el cacicazgo de los Caballeros Templarios y que ahora se consolidan como el principal rival del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en el estado.
Encabezados por Juan José Farías Álvarez, alias El Abuelo, lo que un día fue un grupo de autodefensas se convirtió en una influyente organización de narcotráfico que, incluso, fue designada como terrorista por el gobierno estadounidense en febrero de 2025.
Actividades relacionadas al trasiego de drogas y a la extorsión a campesinos forman parte de las economías criminales que Cárteles Unidos lucha por controlar en Michoacán, una intención que recientemente llevó a sus principales líderes a ser incluidos en la lista negra de la Oficina para el Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro.
Aunque para autoridades estadounidenses la captura de El Abuelo ahora vale 10 millones de dólares, en Michoacán Juan José Farías Álvarez algún día fue un aclamado líder social en quien la ciudadanía depositó su confianza para frenar la violencia que organizaciones criminales antecesoras a la suya sembraron, un legado que en lugar de combatir, optó por continuar.
El origen de las autodefensas en Michoacán
Si hubiera que ponerle fecha de nacimiento al mayor movimiento de autodefensas que ha tenido Michoacán esa sería el 24 de febrero de 2013. Entonces, los Caballeros Templarios que encabezaba Servando Gómez Martínez, alias La Tuta, se habían apoderado de cada uno de los aspectos de la vida cotidiana de la ciudadanía michoacana que, ante la inoperancia de autoridades estatales, padecía los estragos de la opresión criminal.
El hartazgo de vivir bajo el yugo criminal durante décadas desató las primeras movilizaciones de civiles armados en localidades como Tepalcatepec, La Ruana y Buenavista Tomatlán. Aunque en los inicios únicamente contaban con cientos de miembros, estimaciones del investigador Romain Le Cour Grandmaison señalan que para 2014 ya se contabilizaban más de 15 mil integrantes en el estado.
Le Cour Grandmaison define a las autodefensas de Michoacán como un movimiento armado rural dedicado a restaurar la seguridad y el orden mediante la justicia por mano propia y la limpieza social. ¿El problema? Nunca alcanzaron una fuerza regional homogénea sino que cada grupo fue integrado por entre 200 y mil miembros que eran responsables de su propio municipio.
«Este enfoque local se reflejaba en sus uniformes: camisetas blancas o azules impresas con el nombre del municipio del que procedían, bajo las palabras ‘Autodefensas de Michoacán’ […] Llegaron a incluir a miembros de los Caballeros Templarios y a narcotraficantes independientes que veían en las autodefensas una oportunidad para la redención social y la recuperación o apropiación de mercados ilícitos», reza el informe del también colaborador de la organización civil Global Initiative Against Transnational Organized Crime.
Entre los liderazgos de dichos grupos de “guardias comunales” destacaron personajes como José Manuel Mireles, Hipólito Mora, Estanislao Beltrán y el mismo Juan José Farías Álvarez. Bajo su dirección, los conjuntos de civiles armados comenzaron por establecer puestos de control en los límites de ciudades y municipios en los que realizaban revisiones de vehículos para recopilar información acerca de quienes entraban y salían de las demarcaciones. Luego, no sólo buscaron controlar el territorio sino que también asumieron funciones judiciales y de investigación con el objetivo de imponer un nuevo orden social.
Como parte de ese propósito, las autodefensas comenzaron a confiscar propiedades de miembros de los Caballeros Templarios, los persiguieron y castigaron hasta eliminarlos del hampa michoacano.
La infiltración del ‘narco’ en las autodefensas
«Aunque el surgimiento de los grupos de autodefensa fue el resultado del descontento acumulado en respuesta a la violencia y la delincuencia, su objetivo no era eliminar el crimen organizado o los cárteles del narcotráfico, ni enfrentarse al Estado, sino cambiar la forma de actuar de ambos», explicó el investigador Romain Le Cour Grandmaison.
La justicia por mano propia que representaban los grupos de autodefensas se sustentó en un sentido de pertenencia en el que, si el gobierno no hacía su trabajo para combatir a los grupos criminales, la población debía actuar y proteger a sus comunidades.
Dicha característica logró legitimar el movimiento de autodefensas entre la población civil, una característica que no sólo permitió un acercamiento más sólido con autoridades estatales y federales sino que también llamó el interés de un naciente líder criminal que años más tarde terminaría por encabezar al cártel más poderoso del país: Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho.
La ubicación geográfica de Michoacán convirtió al estado en un epicentro de tráfico de drogas al menos desde 1940. Regiones como Tierra Caliente o el puerto de Lázaro Cardenas se consolidaron como puntos estratégicos para el lucrativo negocio: en el primero, la marihuana y la amapola crecieron sin dificultad, mientras que el segundo se convirtió en la entrada a los precursores químicos provenientes de China o India necesarios para la producción de metanfetaminas.
Del mismo modo, el ser atravesado por la llamada Ruta del Pacífico hizo de Michoacán un centro ideal de importación y transporte de cocaína a Estados Unidos entre 1980 y 1990.
Son precisamente estas características las que han hecho de la entidad un territorio codiciado para diversas organizaciones delictivas, incluyendo al entonces naciente Cártel Jalisco Nueva Generación que vio en las autodefensas la oportunidad ideal para desplazar a sus rivales de los Caballeros Templarios.
«Desde 2013, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del CJNG, apoyó activamente a las autodefensas, en particular a través de una alianza con el grupo de Juan José Farias, El Abuelo, en Tepalcatepec […] El Mencho, oriundo de Michoacán, había sido expulsado del estado por los Templarios años antes, y su grupo buscó la oportunidad de recuperar un punto de apoyo estratégico en la región a través de las autodefensas», señala la investigación publicada por Global Initiative Against Transnational Organized Crime.
En videos que Servando Gómez, La Tuta, solía compartir en plataformas como YouTube llegó a acusar los vínculos que organizaciones narcotraficantes rivales tenían con grupos de autodefensas, no obstante, el caso más evidente fue precisamente el del fundador del que se convirtió en el Cártel de Tepalcatepec.
El financiamiento que la organización de El Mencho proveía a las autodefensas de El Abuelo tergiversaron el objetivo que en un inicio tuvo su “guardia comunitaria”, sin embargo, la ambición que el líder de las cuatro letras tuvo por expandir su poderío en el estado terminó por quebrantar su alianza en 2019.
Al tiempo, aquellas autodefensas que no estuvieron de acuerdo con el acuerdo entre El Abuelo y El Mencho se escisionaron, algunos formaron su propia policía comunitaria y otros sus células delictivas. Aquellos que continuaron en el camino ilícito pero que se negaban a aliarse con el CJNG se sumaron posteriormente a un conglomerado de organizaciones que se autodenominó Cárteles Unidos.
Entre alianzas frágiles y traiciones, aquellos grupos como Los Viagras, Los Pájaro Sierra, el Cártel de Los Reyes o remanentes de la Familia Michoacana y los Caballeros Templarios que se sumaron a la asociación han buscado frenar las operaciones y expansiones del cártel de las cuatro letras en Michoacán.
El dinamismo existente entre ellos ha dificultado mapear con precisión a aliados y rivales que operan en el estado, sin embargo, la única constante continúa siendo el liderazgo de El Abuelo, aquel autodefensa que se convirtió en narcotraficante.